Antonio se vio en la necesidad de evaluar las necesidades que su vehículo debía cubrir, así como de buscar dentro de sus posibilidades, aquella compra que se ajustaba más a lo que requería en beneficio de su economía doméstica:

"Es algo en lo que he pensado seriamente ya que he sentido dudas, en medio de toda esta crisis, de si sería este el momento de efectuar un fuerte desembolso. Pero ese gasto es, en verdad, una inversión. Esperaba obtener del vehículo por el cual me decantase, beneficios en forma de comodidad para mis asuntos personales y profesionales. También buscaba un mayor aprovechamiento del tiempo, algo que no siempre me facilitaba el transporte público, aunque sea un poco impopular decirlo.

Pero claro que comprar un coche no deja de ser un gasto. Y ante la idea de llevar a cabo esa inversión y aceptando que la adquisición de un coche nuevo, implica que tu propiedad comienza a depreciarse en cuanto sales de la tienda, sopesé otras opciones. La primera, el mercado de 2ª mano.

Distintas opciones de mercado

Pero durante todo el tiempo que barajé esa idea, siempre pensé en una 2ª mano en regla y comercial: nada de comprar un vehículo de dudosa garantía o sin un mínimo plazo de cobertura.

La ley otorga una cobertura de seis meses, en caso de transacción entre particulares. Pero se me hace poco tiempo para comprobar la fiabilidad de un coche que puede haber sido parcheado para tirar una breve temporada. Y aun así, siempre tienes la sensación de que la 2ª mano es una especie de lotería. La cobertura legal se amplía a un año, en caso de que lo adquieras en un establecimiento comercial. Eso se me antojó más razonable.

De mejor fama disponen los vehículos llamados de kilómetro 0. Vehículos que no han tenido un dueño previo, que han sido matriculados por el concesionario o por el propio fabricante y que sus escasos kilómetros realizados provienen de momentos de prueba para tentar a los compradores.

Importante: a nivel administrativo, un kilómetro 0 es tenido por un coche nuevo.

¿Coche de combustión, híbrido, eléctrico?

Donde hace pocos años solo habría tenido que elegir entre gasolina o diésel, ahora se suman las opciones de eléctrico, híbrido, híbrido enchufable, híbridos de gas (GLP y GNC) e hidrógeno. La parte más ecológica de mi personalidad se alegra con estos coches, pero no es fácil encontrar surtidores, ni de hidrógeno ni de híbridos de gas. ¡Y son vehículos más caros que los eléctricos!

Puede que el futuro pertenezca a estos, a los coches eléctricos y hay una Ley del Cambio Climático que prevé la prohibición de circulación para vehículos que emitan dióxido de carbono,¡en 2050! Su tiempo de carga es lento y su autonomía limitada. Mi dinero también: no es mi opción.

El ejercicio de tomar la decisión correcta

Un coche de gasolina sigue siendo una opción si no me excedo en los kilómetros/año, sea por trayecto urbano o por carretera. Leo que, si hago más de 20.000 km/año, pensar en un coche diésel es una opción correcta.

La diferencia de precio entre dos vehículos similares gasolina y diésel he de decidirla en función del kilometraje que preveo hacer, porque si es abundante, ahorraré dinero en combustible. La diferencia de precio del carburante no es excesiva, pero el diésel sigue consumiendo menos por kilómetro recorrido.

Están muy bien las buenas acciones ecologistas e intentaré compensarlas por mi pecado de adquirir un vehículo de combustión, pero he de ceñirme a mi propia economía. Y, para hallar la mejor opción hay portales comparativos como quecochemecompro, autouncle o tuasesordecoches.

Tras darle tantas vueltas, casi he llegado a otra conclusión: ¡puede que mi verdadera vocación fuese vender coches!"